Meditación para principiantes: técnicas y consejos

La práctica de la meditación es una actividad que le produce importantes beneficios a toda clase de persona. En efecto, una enorme multitud de personas que meditan con frecuencia dan su testimonio acerca de la utilidad de este ejercicio para su vida diaria. Obviamente, cada persona tiene una motivación particular y distinta para practicar la meditación y al final, toda motivación resulta perfectamente válida.

Lo que sí es importante, es que medites. Puedes hacerlo diariamente, puedes hacerlo con el ritmo que tú creas conveniente pero, lo significativo es que lo hagas. La meditación te será útil para muchos fines: desde el necesario relax de tus actividades cotidianas, eso que suele llamarse “desestresarse” hasta para alcanzar la vieja máxima socrática que reza “conócete a ti mismo”.

meditación

No existe una razón única para decidirte a meditar como una disciplina habitual. Y todas las razones sirven para tomar esta sensata decisión. Solo necesitas descubrir la tuya y comenzar.

Ahora bien, para todo aquel que se enfrenta a la meditación por primera vez siempre se tiene en mente la misma pregunta: ¿cómo se empieza a meditar? Y tal vez, no tener una respuesta a la mano te produzca desmotivación, pero ¡nada que ver!, no pierdas tus ganas de meditar. Existen muchos procedimientos para que emprendas tus ejercicios de meditación.

En primer lugar, enfoca tu atención en las razones que tienes para meditar

Como acabas de ver, las razones para iniciar tus ejercicios de meditación pueden ser muy variadas. La primera razón actual para pensar en meditar, es el estrés. Por causa de los estados de tensión que genera la vida diaria (el trabajo, los estudios, el padecimiento de alguna enfermedad nerviosa, etc.) muchas personas buscan en la meditación una salida a esta clase de situaciones.

Sin embargo, hay gente que tiene inquietudes de tipo espiritual que sabe que puede atender acercándose a ellas a través de la meditación. Puede ser que quieras incrementar su creatividad o bien, controlar tu yo interior o desarrollar una conexión fluida y continua entre tu mente y tu cuerpo. Pero la simple necesidad de estar en paz contigo, de alcanzar una sensación de equilibrio mental o sencillamente relajarte, son razones que bastan para hacerlo.

En realidad no hacen falta las motivaciones complejas y tampoco tienes por qué buscarlas para iniciarte en la meditación. En pocas palabras, este ejercicio te será de utilidad así sea para solamente tranquilizar tus ánimos, tus ansiedades, tus obsesiones.

¿Cómo comenzar a meditar?

Es necesario que elijas un lugar tranquilo en donde puedas comenzar a hacer tus ejercicios de meditación, es muy importante evitar toda clase de distracciones. Sería bueno que comenzaras por apagar la tele y el móvil pues necesitas silencio. Cierra la puerta del lugar en donde estés para aislarte de los ruidos del ambiente. 

Si lo deseas, te puedes ayudar encendiendo algunas varillas de incienso o tal vez una vela con aroma. Si es de noche sería mejor si apagas las luces, así es posible que alcances una mejor concentración.

Utiliza un cojín (zafu) de meditación

En no pocos casos y para las personas que se inician en la meditación, hacerse de la ayuda de un cojín de meditación  les ha servido de mucho. Estos cojines conocidos como zafus te ayudan a mantener la postura correcta e igualmente a conseguir que la energía fluya adecuadamente entre tu cuerpo y tu mente. Ya sabes que hay dos tipos básicos el clásico redondo (o circular) y el de forma de media luna, solo debes escoger el que mejor vaya contigo.

Los cojines de meditación te brindan la ventaja de que, al no tener respaldo donde apoyar tu cuerpo, te obligas a permanecer recto y de este modo hacen posible que tu energía se mueva con libertad y que te mantengas concentrado en el ejercicio. En caso de que no tengas uno y no quiera comprarlo por indecisión de cualquier tipo, entonces puedes usar una almohada o bien, el cojín de un sillón.

Este discreto adminiculo te servirá para permanecer sentado largo tiempo sin que se produzcan acalambramientos en tus piernas. Puede ser que un cojín no sea el apoyo que requieres, si es así, no dudes entonces en utilizar una silla común. En principio despega tu torso del respaldo de la silla pero trata de conservar tu espalda recta y sin tensiones. Si te hace falta, deja reposar el torso en el respaldo de la silla hasta que puedas recomenzar la meditación.

La posición erguida sobre la silla te ayudará a alcanzar una buena concentración, comenzando por la respiración. Debes inhalar y exhalar el aire teniendo plena consciencia de cada instante del proceso

Trata de hacer tu meditación en una hora precisa

Lo que realmente hace falta es que cuando comiences a meditar, no te veas interrumpido por nada ni nadie, entonces elegir una hora adecuada es muy importante para ti y tu ejercicio. En algunos casos, las horas de la mañana son las mejores, en otros son las horas vespertinas. Si eres principiante, elige una hora en la que te encuentres bastante relajado, tranquilo y sobre todo en soledad.

No te preocupes de ninguna otra cosa

Cuando te sientes a meditar, la única cosa que debe estar en tu cabeza, es la meditación misma, la respiración y mantener tu espalda recta. La posición en las que debes tener los brazos y las piernas es secundario. Si estás sentado en un zafu, las piernas deben estar plegadas cerca de tu cuerpo. Si estás sentado en una silla común deja tus brazos y tus manos en el lugar donde los sientas cómodos.

La posición de la cabeza

En términos generales, la cabeza debe estar alineada con tu columna vertebral, la finalidad de esta posición es que la energía pueda fluir libremente entre tu cuerpo y tu cabeza. Algunas personas recomiendan inclinar la cabeza un tanto hacia adelante. Para ellas esto facilita la apertura del pecho y favorece la respiración completa. Por otro lado, es indiferente si tienes tus ojos cerrados o abiertos aunque hay quienes refieren cerrarlos para evitar distracciones.

Trata de mantener tu atención enfocada en la respiración

El elemento clave de la meditación es la respiración. De hecho, para no pocas personas la meditación consiste precisamente en esto. El pensar o no pensar en cosas concretas debe estar fuera de tus objetivos al meditar. Inclusive, hay ocasiones en las que tratar de “pensar” en una cosa precisa es capaz de producir un efecto completamente adverso a la meditación, es capaz de producirte tensiones.

Si enfocas tu atención solo en la respiración, al poco tiempo tus pensamientos desaparecerán sin hacer ningún esfuerzo; tus pensamientos dejan de ser objeto de atención. El procedimiento consiste en observar todo el proceso de la respiración: la inhalación y la exhalación del aire, solo eso, desde que comienza a entrar por tus fosas nasales hasta que tus pulmones estén llenos por completo. Y luego el proceso contrario, nada más hace falta.

El propósito de esto es que vivas la respiración que la sientas en tiempo presente, o que la analices o describas. Tampoco (cuando menos por el momento) pongas palabras para nombrar cada instante, cada cosa que percibas de la respiración. Solamente vívela, experiméntala en cada una de sus fases.

Cuando te ocurra que te das cuenta de que estás pensando en tus cosas de todos los días otra vez, no te preocupes tampoco. Cuando eso suceda simplemente reanuda tu observación y percepción de la respiración. Al poco rato volverás a estar concentrado en lo tuyo hasta que se terminen tus ejercicios.

Ponle un límite temporal a tu meditación

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Si bienes cierto que los meditadores avanzados (los yoghis principalmente) son capaces de meditar durante horas y horas, en tu caso que eres una persona urbana con centenares de actividades por completar cada día y con un montón de responsabilidades, esto no es lo recomendable. En promedio, puedes hacer tus ejercicios de meditación durante unos 20 minutos diariamente.